El cielo en una habitación es una obra de teatro dirigida por Franco Verdoia con Eduardo Leyrado y Nelson Rueda.
Un conocido reportero de televisión se dispone a cubrir el fin del mundo en un pueblo perdido.
Por desgracia, su coche se estropea justo al llegar y decide entrar en la anodina oficina de turismo del lugar para pedir ayuda. Pero allí no hay nadie, aparentemente.
Es 21 de julio y hace un calor insoportable.
Actores: Eduardo Leyrado y Nelson Rueda
Diseño de escenografía: Alejandro Goldstein
Diseño de luces: Eduardo Safigueroa
Vestuario: Jam Monti
Diseño gráfico: Guadalupe Saadi
Contenidos audiovisuales: Álvaro Artero
Asistente de escena: Facundo Leyrado
Asistente de dirección: Débora Torres
Prensa y difusión: Carolina Alfonso
Producción general: Carla Briasco – Cacique Argentina
Autor: Jan Vilanova Claudín
Director: Franco Verdoia
El cielo en una habitación
El terror de la certeza
Por Franco Verdoia
En el film “Melancholía”, de Lars Von Trier, un planeta se aproxima a la tierra anunciando un colapso inevitable. Un astrónomo obsesionado con el trayecto de su órbita, acaba quitándose la vida por la imposibilidad de contener la angustia de su mujer y de sus hijos y no poder lidiar con ese final inevitable. Prefiere acabar con su vida antes de dejar que sea el mismo cielo quien determine su final.
¿Qué le pasa al hombre frente a una certeza semejante?
¿De qué forma el escepticismo se queda sin defensas y nos arroja al desamparo de una existencia que llega a su fin?
OSCURIDAD bien podría ser un pariente lejano de la obra maestra de Beckett, Esperando a Godot. Dos hombres encontrados en un territorio recóndito, uno preparado para el final que se aproxima, el otro, revestido de arrogancia y amparado en la seguridad que ofrece el no creer.
Un texto que se vale del humor y el desconcierto para achicar esa distancia entre quienes parecen locos pero están próximos a la verdad, y quienes creen tener la respuesta a todo pero están presos por la ignorancia del ego.
OSCURIDAD también es una comedia existencialista, que despliega un universo costumbrista ubicado en el interior de una oficina municipal de pueblo, en donde el potus, la computadora vetusta y el almanaque son pistas falsas para eludir el trago amargo que supone reconocer
la verdad. Y qué dura resulta la verdad para el escéptico, una verdad que nos asalta de pronto y sin aviso, lejos de nuestros afectos, sin posibilidad de enmienda ni despedida.
OSCURIDAD oscila todo el tiempo en la ambigüedad, habita la dimensión de lo impreciso y pone
en duda la cordura de sus protagonistas, la razón como lupa para revelarse frente a un evento extraordinario y definitivo. Tan definitivo como aquellas otras veces en que “ese final” fue anunciado y nunca sucedió.
Pero…





